Como estrellas en la tierra

Como estrellas en la tierra

Por Cristina Plazas Michelsen

Qué triste ver cómo los niños, los adolescentes, los jóvenes y estudiantes tienen que hacerse a las instituciones y no las instituciones a ellos. Qué grave error cometemos cuando nos apegamos a los estereotipos, a los estándares normales, a los métodos tradicionales sin detenernos a conocer las singularidades de cada uno, descartando y descalificando a las personas que pueden marcar la diferencia a través de su infinita inteligencia y con ella innovar y obtener logros que nadie diferente a ellos hubiera podido alcanzar.

Ayer tuve la oportunidad de ver la película titulada Como estrellas en la tierra. Trata de la historia de un niño maravilloso, lleno de inmensas cualidades y con una inteligencia excepcional, pero que es malinterpretado por todos los que lo rodean: su familia, sus vecinos, sus compañeros de colegio; sometiéndolo a una cruel-dad extrema. En la trama, un profesor temporal de arte surge como un ángel redentor, un salvador que con sus estrategias marca la diferencia a través del amor, la dedicación, la alegría y sus didácticas estimulantes propositivas y amables. Este profesor reconoce las singularidades de este niño en su contexto socio cultural y saca de él sus mejores cualidades; su mejor yo.

Cuántos padres de la ciencia, inventores y artistas fueron víctimas de descalificación y rechazo, pero les debemos descubrimientos como la teoría de la relatividad, sistemas de comunicación y transporte, o la bombilla eléctrica, como es el caso de Albert Einstein, Leonardo Da Vinci y Thomas Alva Edison.

Esta gran película me generó profundas reflexiones. Cómo me gustaría que cada año escolar iniciara, presentándola. Cuán importante resultaría no presionar a los niños a que sean los mejores o a ganar por encima de todo como si se tratara de una competencia. Debemos más bien preocuparnos porque los niños sean felices; por conocerlos, por estimular ante todo sus fortalezas sin dejar de apoyarlos para que superen sus debilidades; con mucho amor y dedicación; con entusiasmo; queriéndolos como son y alimentando su autoestima.

Esta historia narrada a través del cine es la clara evidencia de cómo la humanidad, nuestra sociedad y las instituciones pueden hacer un cambio significativo a través de prácticas educativas innovadoras, lúdicas y estimulantes, soportadas en el verdadero amor y en consideración al espíritu de quienes las reciben; haciéndolos actores principales del aprendizaje real y efectivo que entiende la gran responsabilidad de quien imparte y enseña marcando la diferencia.

Ya nos lo decía Robert Fulghum: “En las Islas Salomón, en el Pacífico Sur, unos nativos practican una forma única de talar árboles. Si un árbol es demasiado grande para ser cortado con un hacha, los nativos lo derriban gritándole. … El árbol muere y se cae. La teoría es que los aullidos matan el espíritu del árbol”.