Denunciar, sí! Pero, ¿para qué?

Denunciar, sí! Pero, ¿para qué?

Por Miguel Samper

Hace unos días un taxista me contó que terminando un servicio un muchacho se le abalanzó, lo apuñaló y le robó el producido del día. Como alcanzó a pedir auxilio por el radioteléfono sus compañeros taxistas lograron coger al ladrón y entregarlo a la Policía. Cuando salió del hospital, con varias suturas, el taxista se fue a la URI a poner la denuncia. Luego de un rato le avisaron que debía pedir un turno y esperar. Al solicitar el turno le avisaron que ya no había, que volviera al día siguiente. Al otro día volvió y el ladrón ya no estaba, lo habían dejado en libertad sin legalizar su captura porque simple y llanamente la víctima no lo había denunciado.

Entonces, ¿denunciar, para qué? El solo trámite revictimiza al agredido y lo expone a un proceso que tarda horas en filas, en transporte, ante una pantalla incluso, a la deriva y sin claridad de a quién acudir. Los osados que se atreven a hacerlo, llegan a sus hogares a contar, generalmente, una experiencia poco grata, que además rara vez garantiza justicia.

La percepción es general. Según el DANE en su Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana de 2021, cerca del 70% de las víctimas de algún hecho delictivo no denuncia ante las autoridades (competentes). Según la misma entidad, esto sucede por dos factores: el desconocimiento ciudadano de las herramientas judiciales con las que cuenta y la percepción de ineficacia e impunidad.

¿Denunciar, para qué? Si delincuentes transitan por recintos penitenciarios como si fueran hogares de paso o sitios de networking para antisociales profesionales. Difícil verlo de otro modo cuando, según el INPEC (2019), en los últimos siete años el número de reincidentes creció más del 110% y se han presentado casos de personas capturadas hasta 70 veces

Las implicaciones de un sistema así no solo son escandalosas sino que evidencian la incapacidad del Estado para mantener a sus ciudadanos seguros.

A pesar de ello, las autoridades se escudan en el contraste entre las cifras oficiales y las encuestas, endilgando toda responsabilidad de percepción de inseguridad a los medios masivos y a las redes sociales cuando los delitos son reales.

¿Denunciar, para qué? Cuando algunos miembros de la Policía Nacional resultan siendo otros victimarios más en el rosario de violaciones a los derechos fundamentales de quienes salen a la calle a exigir respeto por parte del Estado.

Tenemos la esperanza de que Colombia deje de ser un Estado garantista en papeles y comience a serlo en realidad. Se sale de toda dimensión que una mujer se sienta insegura cada vez que sale de su casa ya sea a trabajar o a hacer las compras.

Pero, repito, tenemos la esperanza de que con propuestas serias y de fondo, nuestro país sea un lugar seguro para vivir.