El maestro, magistrado y político decente

El maestro, magistrado y político decente

Por Pepe Palacio Coronado

Aquel hombre maduro y robusto, de barbas, bigotes y cabellos blancos y gafas profesorales, que sobresalía con prudencia en la vida pública, se distinguía como el faro ético de la sociedad colombiana.

Esa fue una de las imágenes que quedó grabada en la mente de muchos de sus compatriotas, una de las tantas percepciones positivas que dejó este hombre excepcional llamado Carlos Gaviria Díaz.

Con sus iniciativas y actos, el librepensador, profesor universitario, magistrado y dirigente político de la izquierda democrática marcó con tinte de honra la historia contemporánea de este país.

Cumplió un periplo de logros relevantes en el escenario nacional: consagró más de treinta años a la docencia universitaria, fue senador, lideró la Corte Constitucional más progresista de la historia y obtuvo la mayor votación que haya logrado un candidato de izquierda a la Presidencia de la República.

Si algo caracterizó al maestro Carlos Gaviria Díaz fue su marcada defensa de las libertades y los derechos humanos, al servicio de la cual puso todas sus revolucionarias tendencias intelectuales y filosóficas. Fue un humanista a carta cabal.

Origen y formación

Nació en Sopetrán (Antioquia) en 1937. Era hijo del periodista Carlos Gaviria Arango y de la maestra de escuela María de la Paz Díaz y vivió con sus abuelos maternos, luego del suicidio de su padre en 1944.

Su vida transcurrió entre la academia y la política. Su obsesión por la educación lo llevó a dedicar a ella la mayor parte de su vida.

Se casó con la pedagoga María Cristina Gómez, fundadora de guarderías y colegios inspirados en la filosofía libertaria de Bertrand Russel y del propio Carlos Gaviria. De esta unión nacieron cuatro hijos: María Cristina, Natalia, Juan Carlos y Ximena.

Se tituló en Derecho en la Universidad de Antioquia y en ella ejerció durante tres décadas como profesor, decano y vicerrector. Además, cursó una Maestría en Jurisprudencia, Derecho Constitucional y Teoría Política en la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

Se interesó en los filósofos clásicos y contemporáneos, en especial, Sócrates, Kant y Hans Kelsen, de quienes aprendió a hacer coherente su manera de pensar con su modo de vivir.

Fue un apasionado de la literatura y, según confesaba, había compuesto algunos versos en su juventud, que aún conservaba. Adquirió este hábito de su abuelo materno, pues solía leer poesías y recitarlas en voz alta, costumbre que el maestro conservó por el resto de su vida.

También fue amante de la música clásica, del tango y de los boleros, de los cuales tenía colecciones de discos que en su residencia se sumaban a los libros célebres de poesías, leyes, Filosofía y novelas que representaban la esencia de su vida íntima.

Sobre el vigor de su pensamiento y su verbo ha expresado uno de sus alumnos, Amylkar Acosta Medina, exministro de Estado y expresidente del Congreso de la República:

Carlos Gaviria fue en vida un brillante intelectual, en todo su esplendor, siendo esta la más alta escala de la condición humana, a la que solo les es dable acceder a mentes privilegiadas como la suya. Siempre que hablaba ―y él era de un verbo muy cultivado y elocuente, con un enorme poder de convencimiento― ponía a pensar a sus interlocutores y cautivaba la atención y el respeto del auditorio por su bagaje de conocimientos y el arsenal de argumentos, con toda su carga de profundidad (Federación Nacional de Departamentos, 2015).

El defensor de los derechos humanos

Carlos Gaviria fue juez promiscuo municipal de Rionegro, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia (entre 1972 y 1973) y vicepresidente del Comité Regional por la Defensa de los Derechos Humanos en Antioquia a finales de la década de 1980.

Asimismo, fue nombrado miembro del Tribunal Russell y, como tal, se reunía en Roma con importantes personalidades, entre ellas, el escritor Julio Cortázar, para analizar las detenciones ilegales ordenadas por las dictaduras de América Latina.

Junto con cien profesores más, fue destituido de su cátedra en la Universidad de Antioquia por un rector reaccionario y solo regresó cuando este fue relevado del cargo, durante el gobierno del presidente Alfonso López Michelsen.

En 1987 se desató en Medellín una persecución contra los defensores de los derechos humanos y dirigentes de izquierda en Antioquia. Varios fueron asesinados por bandas paramilitares en complicidad con fuerzas del Estado, entre ellos, su amigo Héctor Abad Gómez, ante cuya tumba Carlos Gaviria pronunció un valeroso discurso, con la personalidad y el valor propio de su talante, pese a las amenazas en su contra. En ese mismo año, tuvo que asilarse en Argentina para salvar su vida.

El magistrado

 A su regreso del exilio, Carlos Gaviria fue miembro de la Corte Constitucional entre 1993 y 2001 y ocupó su Presidencia desde 1996.

El profesor Carlos Gaviria formó parte de una de las cortes constitucionales más progresistas en la historia de Colombia, por su jurisprudencia en el reconocimiento de los derechos. Las providencias de ese entonces son referentes en el concierto internacional. Fue un magistrado de avanzada en lo tocante a los derechos humanos, tema en el que desempeñó un papel protagónico en decisiones fundamentales.

Sobresalió como un defensor de la libertad de pensamiento, la autonomía de las comunidades étnicas y los derechos humanos. Su tesis de que toda persona tenía derecho a una muerte digna culminó en la aprobación de la eutanasia si era solicitada por el paciente, logro que ha sido reconocido en el ámbito internacional. El jurisconsulto fue el ponente de la iniciativa en la Corte Constitucional. Así, en 1997, Colombia se convirtió en el primer país del mundo en despenalizar la eutanasia.

También fue acogida su ponencia acerca de la despenalización de la dosis personal de las sustancias psicoactivas, asunto en el que Colombia fue pionera en el mundo. Afirmó que se había demostrado la ineficacia de la represión del consumo y que la prohibición contrariaba el principio de la libre expresión de la personalidad.

Otro de sus aportes como magistrado fue el apoyo a los indígenas y su derecho a la autonomía, por medio de tutelas estudiadas por él. A este respecto, estableció el derecho a la consulta previa en favor de los emberá-katíos cuando se construía la represa de Urrá, lo que luego cobijó a todos los pueblos precolombinos del país.

Defendió la igualdad de derechos de la mujer al declarar inexequible la parte del Código Civil que invalidaba el matrimonio civil solo por causa del comportamiento de esta. Apoyó tanto la despenalización del aborto en casos especiales ―con lo que se anticipó a una norma que fue aprobada años después― como los derechos de las parejas del mismo sexo. De igual manera, contribuyó al desmonte del uso indiscriminado del estado de excepción y, con su salvamento del voto, amparó la objeción de conciencia para negarse a la prestación del servicio militar obligatorio.

El profesor Gaviria fue un verdadero revolucionario en la jurisprudencia colombiana. Sus sentencias, así como sus salvamentos de voto en la Corte Constitucional, se convirtieron en referentes en el ámbito internacional. Su erudición jurídica y la envergadura intelectual de sus juicios lo convirtieron en un magistrado fuera de serie.

En los debates de los grandes temas de la vida nacional también estuvo presente el valioso aporte del filósofo del Derecho.

El jurista

Carlos Gaviria rompió la tradición imperante en el país durante buena parte del siglo XX de que la formación de los juristas debía centrarse en los autores nacionales y preconizó el estudio de obras de tratadistas y filósofos del Derecho de otras latitudes como Inglaterra, Austria, Argentina y Estados Unidos, a fin de obtener una visión más amplia y humanitaria de este orden normativo. De allí que la renovación de la literatura jurídica que hubo en Colombia se debió en gran parte a la inquietud de este intelectual por hacer conocer a tales tratadistas en las aulas universitarias nacionales.

El político

Gaviria Díaz fue un inconforme con las desigualdades sociales de su país y, por eso, preguntaba en aulas universitarias, conferencias, foros, paneles y plaza pública: “Si la democracia es el gobierno de las mayorías, ¿cómo es posible que las mayorías estén desprotegidas y se encuentren en la pobreza o la miseria?”.

Su responsabilidad como intelectual y el compromiso con Colombia lo llevó a la actividad política ―fue uno de los fundadores del Polo Democrático Alternativo― y a ser senador y candidato a la Presidencia de la República.

Carlos Gaviria militó en la izquierda, pero filosóficamente era un liberal en todo el sentido de la palabra.

En 2002 fue elegido senador, como cabeza de la lista del Frente Social y Político, coalición de izquierda de oposición al Gobierno nacional de entonces, del que formaban parte el Partido Comunista y otros sectores. Obtuvo la quinta votación más alta del momento: 116.067 sufragios.

En el Senado hizo serios cuestionamientos a la reelección presidencial y a la reforma del Código Penal, temas propuestos por el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.

En 2006, una consulta popular lo escogió como candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo (PDA) para enfrentar al reeleccionista Uribe Vélez. El PDA era una coalición formada por el movimiento Alternativa Democrática (AD), representado por Gaviria y el Polo Democrático Independiente (PDI), por Antonio Navarro Wolff. Gaviria asumió la candidatura con el respaldo de todo el partido.

En desarrollo de la campaña, Gaviria recorrió todo el país para explicar lo que era el Estado social de Derecho y fue recibido con gran afecto en todas las plazas, donde lo llamaban Papá Noel por su piel, estatura y el color blanco de su barba y sus cabellos. A juicio de ciertos observadores, la de 2006 fue una campaña signada por la “guerra sucia”,porque el candidato presidente se abstuvo de participar en debates cara a cara con los otros dos candidatos ―Carlos Gaviria y Horacio Serpa― y se comunicaba por los medios radiales y televisivos.

Ese año, Gaviria obtuvo 2.613.157 votos ―un 22 % del total―. Es la mayor votación conseguida hasta hoy por un candidato de izquierda en Colombia, triunfo que lo convirtió en la figura más importante de la oposición en el país.

Superada la etapa de la candidatura presidencial, Gaviria fue elegido presidente del Polo Democrático Alternativo, posición que ostentó hasta mediados de junio de 2009, cuando renunció para participar en la consulta abierta por el Polo con miras a escoger candidato a la Presidencia de la República para 2010. En esa consulta fue derrotado por Gustavo Petro.

En 2011, el Polo propuso a Gaviria la candidatura a la Alcaldía de Bogotá, postulación que no aceptó.

Los que lo conocieron de cerca dicen que fue un hombre que tenía muy claro cómo debía ser la actividad política. Sostenía que en la vida pública había dos cosas que no se podían olvidar: la ética y la estética. Esa concepción dio pie para que se le calificara con una sola palabra: decente.

El profesor también conocía la estigmatización a la que ha sido sometida la izquierda democrática en Colombia:

Uno de los grandes obstáculos que ha encontrado la izquierda es la guerrilla, porque cuando uno dice que es de izquierda, lo vinculan con la lucha armada. Es muy importante que la gente se saque de la cabeza que toda propuesta de izquierda tiene que ver con el uso de las armas. Lo he dicho en todos los foros. Ni la ética que yo profeso ni las convicciones filosóficas que tengo son compatibles con la lucha armada.

 También estaba preparado para los reveses de la actividad política: “Tenemos que ser dignos en la derrota y magnánimos en la victoria, sin importar el resultado”, decía.

Un alumno suyo ha dicho que Gaviria, como hombre público, “demostró que se puede ser político y honrado a la vez”. Además, creía que la ética es consustancial al ejercicio del Derecho y de la política. Nunca practicó el oportunismo ni el transfuguismo político.

Ideológicamente, se mantuvo en la misma línea de siempre, sin dejar de ser un político moderno, abierto, frentero y respetuoso: “Yo no digo lo que digo por estar en la oposición, sino que estoy en la oposición porque creo en lo que digo”, sostenía.

Personalidad

Hay consenso en que Carlos Gaviria era una persona íntegra, pues sus hechos acompañaban a sus palabras. Según el senador de izquierda, Jorge Robledo, el maestro se jactaba de ser un hombre coherente, “sin sectarismos ni ambigüedades”. Fue siempre un demócrata integral que no transigió ni cohonestó con quienes esgrimían el argumento de la fuerza.

Su forma precisa y argumentada de escribir, elocuencia, erudición, decencia y ética, así como su sencillez, sensibilidad y respeto por la dignidad humana, configuraron un estilo propio en la personalidad del maestro Carlos Gaviria. Fue un legado variado y de peso el que dejó este varón paradigmático de la academia y la política.

José Gregorio Hernández, su homólogo en la Corte Constitucional, manifiesta que “defendía sus argumentos con tenacidad, pero no era terco, y cuando alguien los desvirtuaba, decía: ‘Me hace mella tu argumento’ y cambiaba su decisión”.

De él ha dicho Antonio Navarro Wolff: “El maestro Gaviria fue un colombiano de los mejores, como persona, como académico, como jurista, como político, como líder de opinión, como pensador. Por eso es correcto decir hoy que Carlos Gaviria fue un Gran Colombiano”.

Aunque sus posturas renovadoras generaron un mar de controversias, nadie discute que la suya fue una vida ejemplar y ejemplarizante.

Fiel a sus ideas, en plena lucidez y con las botas puestas como hombre de izquierda, el maestro falleció en Bogotá a los 78 años, el 31 de marzo de 2015, víctima de una afección respiratoria.